CUANDO EL PASADO TE PERSIGUE Y TE ENCUENTRA

Hola holita!! cibervecinos, no me digáis: «piérdete Jose» sin antes leer lo que os tengo que escribir. El post de hoy llega de la mano de la serie de conciertos que está dando la violonchelista Alisa Weilerstein en España interpretando el concierto para violonchelo y orquesta en mi menor de E.Elgar.
Pero esta noticia está repleta de historias paralelas que son dignas de conocer, y una vez conozcáis poner el broche final escuchando esta magnífica obra que seguro os llegará bien hondo y hará que vuestros sentimientos se apoderen de vuestros sentidos, la oiréis fuera pero la sentiréis muy adentro.
Edward Elgar compuso esta obra en 1919, después de la I Guerra Mundial. Ésta viene a reflejar cómo queda todo después de la guerra, caos, tristeza, desesperanza, el mundo no volvería a ser el de antes. 
Cuando se estrenó, por las circunstancias del periodo, no llegó a ser lo que se esperaba, pero en la década de los 60′ alcanzó su máximo esplendor, fue a través de una grabación realizada por la violonchelista Jacqueline du Pré. 
Hablar de ella es hablar del concierto para violonchelo de Elgar, y hablar del concierto para violonchelo de Elgar es hablar de Jacqueline. La simbiosis perfecta, cuando la música es el músico y cuando el artista es arte, esto era Jacqueline y el concierto para violonchelo de Elgar. 
Sobre todo destaca su interpretación en 1965 con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de John Barbirolli. En esta interpretación usó un Stradivarius llamado «Davidov» de 1712 que le fue ofrecido por su madrina y admiradora Irmena Holland.
Para los que vayáis un poco perdidos sobre Stradivarius (no penséis en la tienda de ropa) decir que fue una familia de Luthiers (Stradivari) que contruyó una serie de instrumentos clásicos entre el siglo XVII y el siglo XVIII que a día de hoy no se han sabido descifrar su genialidad, cuál fue su secreto para crear estos instrumentos de sonido perfecto? el secreto se fue con él a la tumba.
En 1966 Jacqueline conoce a Daniel Barenboim, un reconocido pianista y director de orquesta, un año más tarde se casaron. Su matrimonio brindó a la historia de la música conciertos e interpretaciones inmortales. En 1971 la capacidad interpretativa de Jacqueline quedó muy mermada a causa de una enfermedad, esclerosis múltiple, en 1973 dejó definitivamente los escenarios a los 28 años, 14 años más tarde, la enfermedad se cobró su vida. Aunque ella no esté, su música y sus conciertos perdurarán para siempre.
Daniel Barenboim continuó con su carrera, aunque guardando luto por Jacqueline de la mejor manera, no volviendo a dirigir el concierto para violonchelo de Elgar. Únicamente, haciendo una excepción, en 1997 decide hacerlo con la Orquesta Sinfónica de Chicago, y para la ocasión, el violonchelista requerido fue otro genio Yo Yo Ma.
Pasaron los años y en 2008 los caminos de Baremboim y de Alisa Weilerstein se cruzaron, el director tras escucharla la citó en la Scala unos meses después, Alisa lo vio como una gran oportunidad para aprender del genial director.
Sin rodeos le ofreció claramente sus intenciones, quería que interpretase el concierto para violonchelo y orquesta de Elgar bajo su batuta, alegando que sobre él sabía más que nadie en el mundo, a lo cual ella contestó que «jamás! que era una obra sagrada»
Dos semanas después se reunieron en el Carnegie Hall y la interpretaron juntos con Daniel al piano. Éste último le dijo: – Quieres interpretarla conmigo y mis músicos de Berlín?. Ella en estado de shock al final accedió. 
Alisa vio uno de sus sueños hecho realidad, ella misma declaraba: «Tenía verdadera obsesión con Du Pré y especialmente con su primera grabación de ese concierto, pero cuando cumplí los 12 años y empecé a estudiarlo en serio me prohibí escucharlo porque tenía que encontrar mi propio camino y escapar de su poderoso influjo».
Ciertamente Alisa tiene su propio camino, igual que Jacqueline tuvo el suyo, las comparaciones son inevitables, pero sin entrar en ellas, que Daniel Baremboim la haya elegido para una obra tan significativa para él, dice mucho de Alisa a la cual aún le queda un largo camino ya que cuenta con solo 30 años.
Hasta aquí el lado oculto de esta noticia, como siempre espero que el tiempo que le habéis dedicado haya valido la pena y os haya arrancado un buen momento o alguna sonrisa, porque como decía mi viejo amigo Charles Chaplin:
«No hay día más perdido que aquel en que no hemos sonreído»

Sed buenos!!
JOSE

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